Marc Albiac

Una semana con Quebrantahuesos

Desde que empecé en la fotografía de naturaleza, bueno, realmente, desde que empecé a interesarme por los animales, las rapaces siempre me han cautivado.

Durante muchos años estuve soñando con tener alguna rapaz cerca, delante del objetivo, con buen fondo, y, a poder ser, con buena luz. Si bien es cierto que ya había tenido “de chiripa” alguna de esas situaciones con las que soñaba, no fue hasta el verano de 2016 que conseguí hacer mis primeras fotos de rapaces un poquito más serias y más buscadas (trabajo me llevó).

A día de hoy estoy más centrado en otros grupos de animales, pero hasta la fecha he conseguido fotografiar varias de las rapaces que tenemos la suerte de tener en la Península ibérica, y, aunque, ya lo había fotografiado en alguna ocasión en el pasado, esta semana pasada volví un poco a mis orígenes y disfruté de lo lindo con una de mis aves favoritas; el Quebrantahuesos.

Hace unos meses surgió una idea de organizar un taller fotográfico en Buseu. Desde entonces, empezamos a trabajar en colaboración con Phototools (tienda de fotografía de Andorra) para llevarlo a cabo. Supongo que prácticamente todos conoceréis Buseu, pero en caso contrario, Buseu es un pequeño paraíso al norte de la provincia de Lleida, donde la familia Canut ha trabajado durante años para hacerlo un sitio de referencia en la fotografía de Quebrantahuesos.

Esta primera edición del taller fotográfico fue del viernes 17 de noviembre al domingo 19 de 2023, y durante el finde, donde nos acompañaron 5 magníficas personas y geniales fotógrafos, pudimos disfrutar de dos días fotografiando quebrantas hasta aburrirnos.

El sábado, que era el día de la primera sesión, antes de entrar al hide, los buitres leonados ya nos estaban esperando, así que aprovechamos para hacerles algunas fotos a ras de suelo. Fue una pasada, no estábamos preparados que ya había cientos de buitres delante de nuestras cámaras.

Cuando ya se calmó todo un poco, no tardaron en aparecer otras especies, como el buitre negro, al que tenía muchas ganas de tener cerquita. También, por supuesto, los primeros quebrantas, empezaban a sobrevolar la zona. Los más atrevidos se aventuraban a aterrizar entre la marabunta de buitres. Pero bueno, según avanzaba la jornada fueron viniendo cada vez más y durante el día tuvimos un montón de quebrantahuesos delante de nuestras cámaras; fotografiamos adultos, jóvenes, inmaduros, más anaranjados, más pálidos, con marcas alares… Y encima varios a la vez, así que los vimos interactuar entre ellos.

La verdad es que fue una auténtica pasada!!

Al día siguiente, los primeros quebrantahuesos no nos hicieron esperar mucho y al poco de entrar al hide ya empezaron a hacer vuelos cercanos por encima. Este día, como solo quedaban huesos, los buitres ni se acercaron, y eso nos proporcionó un escenario mucho más amplio para fotografiar a los quebrantas. De nuevo, me sorprendió. A pesar de que tardaron un poquito más de lo esperado en bajar, cuando el primero se atrevió a aterrizar, empezaron a llover quebrantahuesos del cielo y llegamos a tener hasta 10 quebrantahuesos delante, no sabías a cuál fotografiar!!

El taller fue un exitazo y además de las carroñeras, al atardecer pudimos fotografiar un grupito de ciervas con las montañas de los Pirineos de fondo, una escena digna de contemplar.

Estuvimos genial, no solo por el lugar y lo que se hace allí, sino por los buenos anfitriones que tuvimos. Ya estamos trabajando para convertirlo en un taller anual. Así que si queréis vivir esta experiencia, pasad por este enlace.

Bueno, aunque parezca mentira, la entrada no termina aquí.

Por si os parecía que me había saciado de estas majestuosas aves, a los dos días de terminar el taller, el Martes 21, mi padre y yo nos pusimos rumbo a Ordesa a las 5 de la madrugada. Teníamos por delante una escapada de tres días para visitar otro hide especial para fotografiar quebrantas, el Cebollar.

Os cuento, el Cebollar es un hide gestionado por el gobierno de Aragón que desde hace muchos años, cada año hacen un sorteo donde se concede el permiso para entrar a dicho hide para fotografiar los quebrantahuesos. Este año yo participé por primera vez y tuve la suerte de que me tocara. Una vez salen los resultados puedes escoger entre las semanas que mejor te convengan y como a mí el otoño me encanta, me apunté para la última. Al principio no lo pensé bien, porque el permiso era del 20 al 24 de Noviembre, y el 20 es el cumple de mi madre y el 24 el aniversario de bodas de mis padres, así que 2 días no los pudimos aprovechar… Como veis soy un poco despistau…

Pero bueno, con los 3 días que estuvimos nos sobró! La dinámica de estos días fue, entrar al hide pronto por la mañana, esperar a los bichos prácticamente sin movernos y con un frío y un viento de la leche y salir al atardecer. Vaya, una afición no apta para todo el mundo… jajaja

Nada más llegar el primer día, los quebrantas ya sobrevolaban la zona. Tardamos un poco en entrar porque los guardas nos tenían que explicar cómo funcionaba todo ya que los siguientes días lo íbamos a hacer nosotros mismos.

Las condiciones meteorológicas no podían ser mejores. Nieve y un poco de ventisca. Eso implicaba dos cosas, la primera, un frío del carajo; y la segunda, las fotos con las que siempre había soñado!

Durante la mañana entraron varios bichos, creemos que un par de jóvenes y un par de adultos. Las visitas eran algo más fugaces que en Buseu, y con la niebla no se les veía llegar hasta que pasaban volando muy cerca. Salieron varias fotos que, a mi parecer, quedaron bastante chulas. Ya me diréis qué os parecen a vosotros. La actividad fue intensa por la mañana. Además de los protagonistas, también nos visitaron algunos buitres y algunos cuervos. Como por la tarde no entró ningún animal y queríamos hacer el camino con algo de luz (había estado nevando por el día y eran 10 km de pista forestal que no conocíamos) salimos del hide un poco antes del atardecer.

Por la tarde se empezó a girar bastante viento y por la noche nos llegó a despertar. Como es normal, tumbó varios árboles y como preveíamos, alguno cayó en medio del camino. Por suerte mi padre y yo siempre llevamos un serrucho en el coche porque no es la primera vez que nos vemos en una situación similar.

Al final “solo” tuvimos que serrar uno, que nos llevó unos 20 minutos haciendo relevos cada 20 segundos. No veas cómo cansa serrar un árbol grande! Más adelante en el camino apartamos dos árboles más y pasamos (justitos) por debajo de otro que no había acabado de caer.

En este caso, para llegar al hide, hubo sangre (me hice una herida con el serrucho), sudor (como os decía cansa un huevo lo de serrar) y lágrimas (con el viento a mi padre le entró serrín en los ojos al principio) jajaja. Pero bueno, tras un buen rato conseguimos llegar hasta el hide, que nos costó lo nuestro porque en la pista había más nieve que el día anterior.

Ya montamos, esparcimos la comida y nos preparamos para esperar.

Durante el día el viento no aflojó ni un poco. Y el frío era criminal. Vaya, no recuerdo haber pasado tanto frío en mi vida!

Y pensaréis, el esfuerzo será compensado! Yo, al menos, lo pensaba… Pero no, no vimos ni un animal durante todo el día!

Las tres últimas horas los dientes me estuvieron castañeando sin parar y no era capaz de juntar el dedo pulgar con el meñique, y eso que iba bien abrigado y con guantes!

En fin, segundo día fiasco. Pero todavía quedaba el último!

Al despertarnos ya nos subimos un poco más de moral. El viento había parado un poquillo, al menos en el pueblo. Como el día anterior habíamos entrado más tarde de lo que nos habría gustado y esta vez ya éramos más conscientes de qué podría haber algún imprevisto, esta vez madrugamos bastante más.

Por suerte ni árboles ni nieve nos detuvieron y llegamos justo al amanecer. Igual que el miércoles, nos preparamos y a esperar.

Y esta vez sí que hubo suerte! A pesar de que el día estaba despejado, seguía haciendo mucho viento así que los quebrantas pasaban volando cerquita pero les costó un montón aterrizar.

Pero bueno, al final vimos varios quebrantas, peleas entre ellos, algún buitre y cuervos que nos fueron entreteniendo durante todo el día. En un momento, que no se veía ningún quebranta volar desde hacía casi una hora, tanto mi padre como yo nos despistamos un poquito con el móvil. Fue divertido, alcé la mirada por comprobar que no hubiera nada y, efectivamente había algo. Pero no uno ni dos quebranthauesos sino que había 3 bichos juntos!! Fue un mini susto que al final quedó en risas… Qué malos son los móviles!

Al final de la tarde (como era el último día sí que apuramos más la luz) apareció un zorrito que había estado entrando las noches anteriores (vimos sus huellas en la nieve). Este se asomaba, comía un poco y se llevaba un trocito de comida hacia el bosque. Lo hizo tres o cuatro veces, hasta que empezaron a aparecer buitres. Al principio fueron bajando poco a poco, pero al final llegaron a haber unos 30 animales juntos en el suelo. Estuvo muy guay y fue una manera chula de acabar el día y la escapada a Ordesa.

Tanto mi padre como yo nos lo pasamos súper bien! A pesar de lo sufrido que fue el segundo día, mereció muchísimo la pena, incluso es, que quedará como una anécdota bonita de recordar!

Espero que os haya gustado la entrada y sobre todo las fotos!

Muchas gracias por haber llegado hasta aquí y nos vemos en la próxima!

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