Fotografiando gatos monteses

Siguiendo con la dinámica de las últimas entradas, hoy voy a escribir sobre otro de los carnívoros que tenemos la suerte de tener en la península Ibérica, el gato montés (Felis silvestris).

Siempre que paso algunos días en el pueblo, por pocos que sean, dedico varias jornadas a intentar ver algún gato. Para mí, los gatos son los animales con más personalidad que hay. Me explico, la mayoría de especies animales, (por ejemplo un ciervo, una perdiz o una rana) se diferencian entre individuos de su misma especie por el tamaño corporal, el tamaño de algunos de sus rasgos, por la coloración o en algunos casos ni se llegan a diferenciar. Sin embargo, los gatos son algo diferente a todo esto. Cada uno tiene su propia mirada, su propia expresión y sus propios gestos. Son animales con los que cuando tienes la suerte de poder cruzar miradas a través del visor, te das cuenta de que son únicos. Cada gato es diferente y eso, les hace aun más especiales. 

Este año he tenido la suerte de poder disfrutar de dos gatos diferentes durante dos semanas, algunas jornadas muy intensas y otras bastante decepcionantes. Hoy, vengo a contaros tres de esas jornadas que se quedarán en la memoria espero que por mucho tiempo. 

11 de julio de 2020.

Como he dicho antes, siempre que estoy por el pueblo me acerco a varios lugares en los que sé que hay gato montés e intento localizar alguno. Los gatos monteses se pueden observar bien cuando intentan cazar topillos en los campos recién segados. 

Este verano llegué al pueblo hacia finales de junio y hasta alrededor del 10 de julio los campos seguían con la vegetación muy alta. 

Este día, como no tenía nada que hacer por la tarde, decidí acercarme a un lugar donde hace años había visto un gran ejemplar de gato montés. Por suerte, los campos ya estaban segados.

Esperé un rato con los prismáticos, observé en varios campos que hay en la zona pero no vi nada. Cuando ya se me fueron todas las esperanzas, en el mismo prado donde estaba (que es el que siempre he pensado que es mejor para ver algún gato) me puse a mirar hacia el monte con los prismáticos (hay que entender que esto está en medio de un valle y está todo rodeado de montañas con robledales), ya era casi de noche y en algunas ocasiones he visto ciervos y corzos. De repente, mientras miraba, veo por el rabillo del ojo algo gris saliendo de la maleza hacia el campo y caminar en mi dirección. Enfoco con los prismáticos para asegurarme (no se le veía bien entre las hierbas), y así es, un gato montés bien cerquita, y yo, cómo no, sin la cámara cerca. 

Me agacho, voy corriendo hacia el coche y monto la cámara, vuelvo al lugar donde lo había visto (no está ni a 20 metros del coche) y veo que el gato está sentado mirándome entre la hierba. Estirado, le hago un par de fotos, a penas se le ve la cara… Pasa un ratito y me doy cuenta de que el gato ya no está en la escena. Miro por los prados de alrededor, pero nada, como un fantasma había desaparecido (no es la primera vez que me pasa).

Al rato, ya sin esperanzas, cojo el coche y me voy de vuelta, sin guardar la cámara eso sí… No había conducido ni 500 metros que lo vuelvo a ver. Tiro marcha atrás, aparco el coche y me acerco por la misma carretera hasta donde se le veía. No era una observación limpia, porque tenía que verlo a través de como una valla con bastantes hierbajos y zarzas, pero bueno, el gato estaba tranquilo intentando cazar y no me acababa de ver del todo bien, todo y que, al escuchar el obturador de la cámara, de vez en cuando me miraba. Aprovechando la maleza hice alguna foto con desenfoques por delante y pude ver al gato cazar a escasos metros de mí. Fue una observación muy divertida y pude hacer alguna fotillo que me acabó gustando. 

14 de Julio de 2020.

Ya han llegado Sandra, mis padres y mi hermana. Y desde el 11 de julio estoy viendo dos ejemplares de gato prácticamente cada mañana y cada tarde. Esta tarde éramos 4, mi padre y nuestro amigo José Antonio Ramírez (que ellos fueron a intentar ver uno de los gatos) y Sandra y yo por otro lado, que montamos el hide para ver si pudiera conseguir algún vídeo más natural del gato haciendo sus cosas sin que estuviera pendiente de mí. 

Como no hay cobertura no nos podemos comunicar con el otro “equipo” así que antes de meternos en el hide acordamos una hora para irnos hacia casa.

En un momento, veo el gato salir de la izquierda y nervioso se lo digo a Sandra. Con el 500 montado en el nuevo trípode de vídeo que me habían traído mis padres de Barcelona, me pongo a grabar al animal, que viene directo hacia el hide. Es un trípode que funciona con un pistón de nitrógeno así que cuando dejas de sostenerlo no hace falta apretar ninguna palanquita, puesto que hace contrapeso y evita que la cámara se balanceé y esto me vino muy bien para poder grabar al animal sin hacer movimientos bruscos y que no se asustara. 

Justo cuando el gato está en la mínima distancia de enfoque se para y se pone a oler y a escuchar un coche que pasa por la carretera de al lado (lo podéis ver y escuchar en el vídeo). Cuando el coche ya ha pasado, el gato se vuelve a poner a andar pero como ya no me da ni la distancia ni el ángulo (digamos que salió enfrente del hide y nos pasó por la derecha), paré de grabar y en cuanto quité el modo vídeo (error mío) sonó el espejo de la 1DX Mark II bajándose… El gato, que hasta entonces ni se había dado cuenta del hide, lo escuchó y se quedó unos minutos sentado mirándonos fijamente, momento que aprovechamos para verlo a simple vista a través de la ventana lateral del escondite. Al final acabó pasando del todo hacia atrás y como en la retaguardia del hide no tengo ventanas, no lo pudimos ver más. 

Según se acercaba la hora de salir del hide, pude hablar con mi padre y le dije que entrara al campo, por si todavía estuviera cerca el gato, que no nos viera salir del hide y lo relacionara con los humanos. 

Fue divertido, porque al entrar mi padre al campo vio que teníamos el gato detrás (obviamente me hice el loco y le seguí el rollo diciéndole que qué mala suerte habíamos tenido) hasta que lo recogimos todo y en el coche le enseñé el vídeo que había podio hacer. Ellos, mi padre y José Antonio, por otro lado, vieron el otro gato pero no pudieron hacerle fotos buenas…

19 de Julio de 2020.

El 16 de Julio me llegó para probar la nueva Canon EOS R6 con los nuevos objetivos RF, como quería probarla en situaciones reales estuve varios días intentado ver los gatos, tanto haciendo esperas lejanas para luego rececharlos, como desde hide, pero como ya hacía varios días que habían segado los campos, ya no se veían los gatos con tanta frecuencia. 

El 19 de julio fui con Sandra a ver si quemaba los últimos cartuchos y veía alguno de los dos. Bajamos del coche y entramos al campo por donde siempre, vemos al gato sentado a lo lejos (es un prado grandecillo) y menos mal que estaba de espaldas a nosotros, porque Sandra se tropezó y se cayó de culo, así que no nos vio. Sandra se quedó allí sentada para intentar ayudarme y yo entré arrastrándome unos 30 metros hasta llegar a una isleta que hay en medio del campo que lo divide en dos niveles diferentes. El gato no me vio y empezó a andar hacia la isleta. Conseguí hacerle alguna foto en ese momento, pero no era cómo yo me esperaba y esta vez quería jugar bien mis cartas e intentar hacer un buen rececho. Aquí la carta clave fue Sandra. 

Me quedé allí estirado, el gato tenía dos opciones, o rodear del todo la isleta y salir a la parte del campo que estaba a mi nivel (la cual yo no veía y que vigilaba Sandra) o quedarse en la parte de abajo (donde yo sí tenía visión). Desde allí me iba girando para ver si Sandra lo estaba viendo (obviamente ella no me podía avisar de ninguna otra manera más que por gestos). En uno de esos giros la veo nerviosa porque hacía rato que no la miraba y el gato ya había salido por su lado. Bajo arrastrándome del pequeño montículo donde estaba y empiezo a ver al felino caminar de frente hacia mí. 

Me quedo quieto y mirando por el visor, el gato se va acercando cada vez más y aun no se da cuenta que yo estoy allí (la R6 no hace nada de ruido así que tampoco escuchaba el obturador). Cuando ya estuvo cerca, cerca, vio que algo no cuadraba, y que aquello que estaba allí estirado no era “normal” (como mucha gente piensa jaja). Al final, después de estar un rato sentado mirándome fijamente, decidió darse la vuelta y esconderse. Pero gracias a Sandra pude hacerle alguna que otra foto y pude probar la cámara bien, la cual me sorprendió muy gratamente.

Y bueno, con esto doy por finalizada la serie de encuentros con grandes carnívoros de este verano. Espero haber podido plasmar la intensidad con la que las viví y que os hayan entretenido al menos un ratillo. ¡A ver si en un futuro poder hacer más entradas de este tipo!

¡Muchas gracias por haber llegado hasta aquí, espero que os haya gustado la entrada!

¡¡Nos vemos pronto!!

Un comentario en “Fotografiando gatos monteses

Deja un comentario